Un buen detective,
uno que realmente sabe lo
que está buscando
y como comprender las pistas
que encuentra, puede construir
una imagen del criminal
al que está analizando.
Un buen detective, uno que
realmente sabe lo que está
buscando y como comprender
las pistas que encuentra,
puede construir una imagen
del criminal al que está
analizando.
Una vez que conoce el
modus operandi, o
aún mejor,
que obtiene una muestra
de ADN, puede normalmente
comparar el crimen
con el criminal y
llegar a capturarlo.
Quizás en una
serie de crímenes,
existe el mismo tipo
de marca o huella
digital, una vía
de entrada similar,
el mismo tipo de artículo
robado, o incluso
una muestra de ADN
concordante - un indudable
corpus delicti.
Este es un buen método
para arrestar criminales,
pero tiene una falla
significativa: es
completamente reactivo.
Al menos uno, o usualmente
varios crímenes
deben ser cometidos
(y varias víctimas
verse afectadas) antes
que el criminal pueda
ser aprehendido.
Desafortunadamente,
lo antes descrito
es análogo
a la forma en que
trabajan los antivirus
tradicionales.
Luego que el virus es
lanzado, un patrón
comienza a emerger.
Alguien se da cuenta
que algo no anda bien,
como por ejemplo,
un aumento en la cantidad
de mensajes de correo
electrónico
con un tipo particular
de archivo adjunto.
Quizás redes enteras
de ordenadores empiezan
a reiniciarse espontáneamente;
tal vez los servidores
de correo electrónico
cesan su funcionamiento
bajo una enorme carga.
Finalmente, "pistas"
- ADN digital - son
encontradas, y son
enviadas a los "detectives"
- en este caso, las
compañías
antivirus.
Las "pistas"
son examinadas, el
modus operandi es
establecido, y una
vez que es conocido,
el virus puede ser
detectado y detenido.
Sin embargo, esto es
reactivo, recayendo
en dos factores: primero,
conocimiento de que
el "crimen"
ya ha sido cometido,
y segundo, recolectando
las "pistas"
para detectar fiablemente
al "criminal".
Este es un ciclo repetitivo:
Un nuevo virus es
lanzado, y luego
de un lapso de tiempo,
que en algunos casos
es grande, la actualización
para detectar el virus,
es lanzada.
Históricamente,
el problema del lapso
de tiempo no era de
gran importancia.
Alcanzaba con actualizar
el antivirus una vez
al mes, a lo sumo
una vez por semana.
Los virus se reproducían
lentamente en la mayoría
de los casos, muchas
veces a través
de una transferencia
manual en discos flexibles
- la llamada "sneakernet"
- y aunque siempre
había un riesgo,
el modelo de actualizaciones
era suficiente.
Volvamos a la actualidad,
donde la oficina tradicional
se ha convertido en
una oficina virtual,
con usuarios conectados
permanentemente.
Las compañías
y sus empleados, están
literalmente "siempre
en línea".
Esto es una bendición
productiva para las
compañías,
permitiendo a los
empleados trabajar
incluso desde sus
cuartos de hotel,
automóviles
o incluso desde una
cafetería.
Pero, desgraciadamente,
la conectividad constante
también permite
que los virus se propaguen
con mayor velocidad.
En un principio, escribir
un virus era una tarea
que requería
de ciertas "habilidades",
que ameritaba algo
de conocimiento.
Hoy, Internet ofrece
vastas cantidades
de información,
y casi cualquiera
puede crear un virus
tras descargarse algún
código fuente
desde la red.
Cada innovación
en materia de virus
es seguida por un
lote de virus relacionados,
que difieren muy poco
del original, y que
son lanzados al mundo
rápidamente,
cortesía de
un imitador.
Un solo virus puede
convertirse en una
epidemia global en
unas pocas horas.
Un buen ejemplo de esto
es el Win32/Bagle.AS
(ver Figura 1).
|